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lunes, 18 de marzo de 2013

En el quinto domingo de cuaresma: ¡Cuidado con los más viejos, con algunos!


Es mi experiencia. Siempre se lo digo a los jóvenes que tengo en el Instituto. Creo que a esa edad el corazón no se ha maleado aún. Pueden ser irresponsables, ingenuos, atrevidos, ignorantes, pero no son malos. Cuando los jóvenes me tienden su mano y me dan un abrazo no tengo duda alguna que son muy, pero que muy, sinceros.... No hay doblez en sus vidas, no hay mentira.
Siempre les digo en las clases que el más malo que hay allí soy yo, que ellos son más puros, limpios y sinceros.
Y me da igual que alguien piense que estoy en el limbo o en lo alto de un guindo. ¡Y no es que no tenga ya experiencia en el tema!
La vida se estropea, la personal y la de los demás, cuando el dinero se sitúa como un fin y no como un medio. Y esto no entra aún en el corazón de los jóvenes que suelen ser muy generosos con sus vida y sus bienes. Somos los mayores quienes solemos estropearlos con nuestros consejitos para que se espabilen. Y lo que hacemos es torcerlos, malearlos. ¡No siempre!
El Evangelio de este domingo siempre me ha dado pie para esta afirmación. ¡Qué suerte tuvo aquella mujer de encontrarse con Jesús! ¿Y nosotros somos conscientes de la suerte que hemos tenido?
A la mujer, aquellos viejos, ya la habían condenado. Ahora querían que Jesús hiciera lo mismo. Pues fueron por lana y salieron escardados. ¡Qué peligrosas son las personas religiosas legalistas y minuciosas! Se saben la letra grande y la menudilla. "La Ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras. Tú ¿qué dices?".
Los fariseos y los escribas iban a por todas. Dijera lo que dijera Jesús lo tenían pillado. Al menos, eso es lo que creían ellos.
¿Pero cómo va a ser la última Palabra de Dios una muerte a pedradas para una hija suya?
De una religión que fuera esto me borro de inmediato.
La mujer tiene la suerte de que la lleven ante Jesús. Yo creo que los acusadores también tiene suerte. Jesús les enfrenta con su conciencia. Jesús les responde desde su experiencia de la misericordia de Dios: aquella mujer y sus acusadores, todos ellos, están necesitados del perdón de Dios. ¡Todos estamos necesitados del perdón de Dios!
Jesús hace un giro muy interesante. Los viejos escribas y fariseos, también los jóvenes, porque debe pasar como con los jóvenes eclesiásticos que les encanta los cuellos altos y las sotanas para lucirse, debe enfrentarse con sus propios pecados.
Pero ni por eso. Y entonces es cuando Jesús, un poco cabreado y hasta los.........de aquel personal lanza una frase memorable. Yo la modifico, aunque alguien se escandalice: "El que tenga cojones de ustedes para decirme que está sin pecado que le tire a esta mujer la primera piedra! Vamos ahí está el montón de piedras. Venga empezad".
¿Quiénes somos nosotros para condenar a muerte, o a una muerte en vida, para señalar a alguien con el dedo o con la lengua viperina a nadie, olvidando nuestros propios pecados y nuestra necesidad de perdón y misericordia?
Y, empezando por los más viejos, los más asquerosos y pecadores, siguiendo por los menos viejos que a lo mejor fueron convencidos por éstos, se fueron con el "rabo entre las piernas".
Jesús deja muy claro que la pena de muerte no puede tener la última palabra sobre la vida de una persona, sobre un ser humano. Y es que Jesús lo dice muy claro: "Yo no he venido para juzgar al mundo sino para salvarlo"
Aquello debió ser grandioso, porque al final solo quedan el misericordioso y la miserable. La mujer aún no se ha movido de su sitio. Y Jesús tampoco.
La mujer necesita oir una última palabra antes de marcharse, después de tanta alboroto. "Tampoco yo te condeno. Vete en paz y, en adelante, no peques más"
El perdón de Dios no anula la responsabilidad, sino que exige conversión. Dios no quiere la muerte del pecador sino que se convierta y viva.
Jesús se ha jugado el tipo, hasta que se juegue la vida entera.
Hay que empezar por examinar la propia conciencia y conducta antes de tirar piedra contra los demás. ¿Pienso que soy mejor que los demás? ¿Tiendo a ver lo negativo de los demás?
Los más viejos, los que funcionan bien en la vida, son los que tienen más experiencia de las fragilidades humanas y no son tan severos. Suelen ser más indulgentes. No todos, ya que los hay insoportables y con los años son más severos con los demás, con los jóvenes, y más manga ancha con ellos
¡Mujer qué suerte la tuya! ¡Nosotros qué suerte la nuestra de habernos encontrado con alguien que nos perdona siempre y nos invita a una vida auténtica!
Nadie puede condenar a nadie, y el único que puede hacerlo siempre, que es Dios. perdona siempre.
¿Aceptamos esta novedad de Dios manifestada en Jesús? Yo creo que no y creo que algunos no estarán de acuerdo con mi planteamiento. ¡Lo siento!
No acabamos de creernos que Dios es Padre/Madre, que es amor incondicional, que no ha venido a condenar, que ante Él somos sus hijos queridos.
Y un detallito, ¿por qué no le llevaron también a Jesús al hombre que pillaron in fraganti con esta mujer? Ay, Ay, que siempre pierden las mismas.
Un saludo amigo.

lunes, 11 de marzo de 2013

En el cuarto domingo de cuaresma: Parábola del padre bueno.

Para hablar de Dios, del Dios revelado en Jesucristo, antes hay que hablar con Jesucristo de Dios y que nos presente a su Padre. ¿Cómo se puede hablar, con el Evangelio en la mano, de un Dios amenazador y exigente? Si nos hablaran de nuestros padres, me refiero a los biológicos, y nos dieran una imagen que no se correspondiera con la realidad que hemos vivido con ellos, creo que inmediatamente protestaríamos con ardor. ¿Por qué algunos nos han presentado a un Dios que nos hace la vida más fastidiosa, incomoda y peligrosa? Ante esta situación, están los que abiertamente han abandonado la fe cristiana considerándola cuentitis de otras épocas. Y están los que no saben si creen o no creen. Y esto sí que es grave. Siempre he sentido una predilección por el Evangelio de San Lucas. Y una de las múltiples razones de esta predilección radica en esta parábola de la misericordia que considero la "joya del Evangelio de Jesucristo". No tengo duda alguna sobre lo que comparto con vosotros. El verdadero protagonista de esta bella historia no es el hijo, ni el menor ni el mayor, sino el Padre. A este "Padre" de esta parábola no le preocupa ni su honor, ni sus intereses, ni el trato que le dan sus hijos. Lo que de verdad le interesa es la vida de sus hijos, sobre todo de su hijo. No quiere que su hijo destruya su vida, que se muera en vida, que viva perdido sin conocer la inmensa alegría de esta vida aún con todo lo puñetera que es. ¡En ocasiones una carga tremendamente pesada! ¡Este Padre es una maravilla! Permite que su hijo se vaya de la casa con la parte de la herencia que aún no le corresponde. No se lo impide. Es un Padre que deja libertad a su hijo aunque no esté preparado para usar esa libertad con responsabilidad y madurez. ¡Este es nuestro Dios!. Respetuoso con nuestra libertad. ¿Quiénes somos nosotros, para en nombre de Dios, cercenar la libertad de las personas? ¡Qué miedo me da cuando alguien alza la voz diciendo: "En nombre de Dios te...."! ¿Será en nombre de su voluntad y ansias de dominio? Dios respeta siempre mi libertad, aunque no esté capacitado para usarla, no tenga la debida madurez y esto me traiga consecuencias negativas. Y El hijo conocía bien al Padre. ¿Conocemos nosotros a Padre Dios? Se marchó e hizo su vida. Y esta vida empezó a deteriorarse fuera de la casa paterna. Aunque siempre en la vida no es así. He conocido quien ha hecho su vida digna fuera de la casa de sus padres porque estos eran unos auténticos dictadores. Pero en este hijo ocurre que siente añoranza de su casa y de su Padre. Siente necesidad de la dignidad, del cariño, de la alegría desinteresada, de la confianza, de la solidaridad que le ofrecía su Padre. Con todo, fue el hambre, que debe ser muy mala aunque yo nunca la he sentido, al menos hambre de alimentos, hambre de otras realidades si, digo que fue el hambre la que motivó el arrepentimiento. Hambre física, ya que se conformaba con comerse unas algarrobas; pero también hambre de recuperar su dignidad e identidad perdidas. Pero lo determinante no es ni siquiera el hambre, hay quien la pasa y no se ha decidido a volver, lo determinante es que conoce bien a su Padre. ¡Aquí está la clave! Conoce a su padre y sabe, que por mucho que se haya alejado y sea grave la faena que le ha hecho, nunca podrá llegar tan lejos que no le alcance su acogida y su amor. Este hijo sabe que siempre tendrá un padre que le recibirá con los brazos y el corazón abiertos. ¡Y así fue! En cuanto lo vio venir, porque probablemente todas las tardes antes de cerrar la puerta de su casa se asomaría al camino por si le veía venir, echó a correr. ¡No es el hijo el que vuelve a casa! ¡Es el Padre el que sale corriendo! Y busca el abrazo y los besos con más ardor que su mismo hijo. Y así creo que está siempre el Dios del que nos ha hablado Jesucristo: con los brazos abiertos hacia quienes volvemos, aunque hayamos perdido la dignidad y la salud, hacia Él. Y el hijo comienza su confesión. Lo lleva muy bien preparado. Pero el Padre le ahorra esta humillación. No se parece a algunos confesores que humillan con tantas preguntas a modo de tribunal de la Inquisición. No le impone castigo alguno, ningún rito de expiación, no le pone condición alguna para acogerlo en su casa. ¡Qué diferencias con nuestras penitencias tan rigoristas. ¡El Padre solo piensa en la dignidad de su hijo! Y hay que recuperarlo del todo. Entonces le organiza una fiesta de acogida. ¡Así es Dios con nosotros cuando volvemos de verdad, y así, si somos coherentes y tenemos dignidad, tenemos que ser con nuestros hermanos cuando nos hayan ofendido! Vestido, anillo, sandalias y el mejor ternero para celebrarlo. Y quien no lo entienda, que hay que comprenderlo, debe tener un problema. Esta parábola fuera del Evangelio no se entiende en absoluto. Seguirá caminado por la vida con una imagen que nada tiene que ver con el Dios revelado en Jesucristo. ¡Saberse amado y perdonado incondicionalmente capacita para perdonar y amar! ¿Acojo este amor que Dios me brinda cuando vuelvo á El con sinceridad? "Si el hijo hace mal. la madre no se indigna, se apena. Si el hijo vuelve, la madre no perdona, se lleva una alegría" ( J.E. Galarreta) Y tenemos tan buen Padre, Padre Dios, que busca a todos. A los que nunca rompieron un plato en la vida y a los que hemos roto todos los días media docena. Lo malo de los que se creen buenos es que no aman, no tienen corazón capaz de compartir. ¿Se puede alguien sentir indignado cuando uno predica estas cosas de Dios? Pues sí, señores, los hay quienes dicen que esta religión es de plastilina y muy fácil y que predicamos un Dios muy blandito, maricomplejines. O puede ser que hay muchos que quieren ver a Dios con si fuera el Fiscal Jefe del Estado. Esta es la BUENA NOTICIA de esta semana: QUE ASÍ ES DIOS, COMO EL PADRE AMOROSO DE ESTA MARAVILLOSA PARÁBOLA. ¡Y una gran suerte que no se parezca en nada al hermano mayor de la misma! ¿Entraríamos nosotros en la fiesta o nos resistiríamos a no entrar? Como he tenido que volver tantas veces de esta manera a Dios, en la fiesta de mis hermanos que vuelven yo entraría con mi mejor traje. ¿Entramos?. Un saludo amigo.

domingo, 3 de marzo de 2013

TERCER DOMINGO DE CUARESMA: EN SU ECUADOR.

En la vida siempre me he movido por una opción realista. Al conocer a Jesucristo, así lo considero yo personalmente, también lo considero una persona realista.
Jesucristo deja muy claro que este mundo no cambiará sin que nosotros cambiemos. Y de ahí su reiterada y contundente llamada a la conversión, al cambio de vida.
La realidad es como es y no como quisiéramos que fuera.
A Jesucristo no se le iba por alto que muchos de los que se agolpaban para escucharle y hasta estrujarlo, cuando se daban media vuelta, las palabras que Jesucristo les había dirigido le entraban por un oído y le salían por el otro sin hacerle mella alguna.
Y no hay que irse muy lejos porque esta es la experiencia, hablo de mi persona, que yo por desgracia he tenido en muchas ocasiones.
Las personas no reaccionaban como era el deseo de Jesucristo. Y Él va a insistir antes que sea tarde.
De la parábola del Evangelio de hoy, la de la higuera plantada en medio de la viña, me atrae y conmueve la postura del encargado de la viña. El propietario tiene una clave simplemente económica. La higuera ocupa un sitio y no echa frutos, pues a arrancarla toca. ¿Anda que si con nosotros nuestros padres y profesores y mayores hubieran procedido de esta manera? Yo nunca tiré la toalla por nadie porque nunca la han tirado conmigo empezando por Dios.
Pero el agricultor tiene una maravillosa idea, una reacción inesperada. Podría haber dicho: ¡Pues bien a arrancarla y un trabajo menos! Pero no, fue genial y le dijo al propietario de la viña, al manchonero de turno, ¿Por qué no dejarla todavía? Yo la he vistto crecer, la he cuidado y no la quiero ver morir. ¡Pues esto es lo que hay que hacer con las personas. Las hemos visto crecer, las hemos cuidado y no las podemos dejar morir.
Y en este punto me acuerdo de Trini, la madre de Domingo y Remedios que vivían en la Barriada junto a la capilla, como luchó aquella mujer, con escasos recursos de todo tipo, para no ver morir a sus hijos. Me acuerdo de la vez que le facilité todo lo necesario para ir a ver a su hijo que estaba en la cárcel. ¡Cómo se aprendió todos los horarios, autobuses y trámites para verle semanalmente!
Pues ahí está. Jesucristo es nuestro agricultor que nos dedica todo el fruto de su tiempo, nos mima con sumo cuidado, porque no nos quiere ver morir. Espera de nosotros el que demos fruto de vida, de amor y justicia.
Somos nosotros los que decidimos nuestra suerte final. Y hay personas que necesitan mucho afecto y cariño para no perderse en la vida. Jesucristo ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido.
En la Iglesia, en cada pequeña comunidad parroquial, en la que además de celebrar cultos y tener catequesis y hermandades y multitud de instituciones, algunas de las cuales son un estorbo, lo que no puede faltar son discípulos de Jesucristos con la actitud del viñador: ¡No arranques la higuera, no tires la toalla con esta persona. Vamos a darle mucho cuidado y cariño y esperemos que de fruto! ¿Acaso no tenemos esta experiencia en nuestra vida con determinadas personas ante temas como las toxicomanías y el alcoholismo u otras adiciones?
Nos falta un corazón nuevo, una respuesta responsable y decidida a la llamada de Jesucristo.
¡Jesucristo como el encargado de la viña no se cansa de cuidar de nosotros!
Vamos a mandar a la puñeta de una vez la imagen e idea de un Dios inquisidor que hace que muchas personas vivan abrumadas, con conciencia culpable.
Jesucristo nunca pide un fruto que no podamos dar, no nos pide imposibles. Y tiene siempre una tierna paciencia. Jesucristo siempre está dispuesto a darnos una nueva oportunidad y sigue confiando en nosotros, en cada uno de nosotros por mucha calamidad que hayamos sido o seamos aún.
Jesucristo quiere vernos crecer y que demos lo mejor que llevamos dentro, sin miedo al riesgo, sin quedarnos en la mediocridad por costumbre, pereza o rutina.
En mi caso, y es una pregunta que propongo: ¿Cuánto tendrá que esperar Jesucristo para ver el fruto?
Jesucristo nos acompañará siempre con cariño, paciencia y dedicación y nos garantiza el triunfo final, a pesar de las dificultades del camino de la vida.
Un saludo amigo.

lunes, 25 de febrero de 2013

En el segundo domingo de cuaresma ¡Que el tiempo pasa veloz!

Creo que el mayor empeño de Jesucristo fue que tuviéramos una experiencia gozosa de Dios. Todo se centra en manifestarnos que el Dios de los cristianos, de los que somos sus discípulos, es un Dios-Padre con todo lo que supone esta realidad.
Y hay que reconocer, que por parte de muchos y con mucha frecuencia, se ha anulado esta imagen... de Dios y ha sido sustituida por un amo insensible ajeno a nuestra realidad vital y social. ¡Nos ha lucido el cambio muy negativamente!
Hay que estar bien despiertos, física y mentalmente, para escuchar y ver a Jesucristo en las personas y acontecimientos de nuestra realidad cotidiana.
El discípulo de Jesucristo no puede huir del mundo, de las personas y de la realidad. Al contrario, seguir a Jesucristo nos impulsa a encontrarnos con las personas, a las que consideramos hermanos.
La falsa espiritualidad aleja de la realidad. La espiritualidad cristiana auténtica nos impulsa para afrontar en toda profundidad el mensaje, el camino y la causa de Jesucristo.
Y para ello hay que vencer la tentación de una religión con una falsa espiritualidad, que con bellos pretextos, lo que quiere justificar es nuestra comodidad, nuestro egoísmo, nuestra insolidaridad y nuestra huida de la realidad.
Siempre, ahora también y más en esta Cuaresma, lo decisivo a nivel personal es contemplar a Jesucristo, escucharlo, aprender su estilo y su Evangelio, vivirlo y comunicarlo.
¿Qué hago por conocer mejor en mi vida y hacer vida el mensaje de Jesucristo? ¿Escucho la voz de Jesucristo en cada persona y en los acontecimientos de cada día? ¿Yo me siento, por muy complicada que haya sido o esté siendo mi vida, el hijo amado de Dios?
Es un error muy grave para la vida cristiana dar más importancia a las leyes, al templo, al culto, a las imágenes, a los santos a quienes consideran representaciones de Dios, a las tradiciones.
Hay que tenerlo muy clarito, lo determinante y fundamental en la vida cristiana es que Jesucristo, y solo Jesucristo, sea el motor de nuestra vida. Y solamente Jesucristo, nuestro máximo bien, transforma nuestra vida. Y es que solamente el BIEN transforma.
En nuestra vida de discípulo de Jesucristo hay que evitar la tentación del más simpático y espontáneo de los Apóstoles, el apóstol Pedro, al sugerirle a Jesucristo que había que quedarse en la montaña y huir de la realidad. Lo único que nos está permitido es descansar y recobrar fuerzas, pero no huir con miedo y desesperanza. No es actitud cristiana en absoluto. Cogemos fuerza y volvemos a la carga con las energías renovadas para cambiar nuestra vida y proponer el Evangelio, con toda libertad y respeto a quien quiera acogerlo. Nunca nada de imposición. Conmigo que no cuente para "pescar" a alguien. Eso es sectario.
Hoy nos tenemos que quedar con la sugerencia de Dios en este relato: "Este es mi Hijo, el escogido. Escuchadle". Esta es la primera actitud de los discípulos de Jesucristo y que nos lleva a tener la misma actitud con todas las personas, con una opción preferencial por quienes no son escuchados por nadie.
No es suficiente con escuchar a Jesucristo y su Evangelio de forma rutinaria, distraída y gastada, sin deseo alguno de escuchar. Y no basta tampoco una escucha para entender exclusivamente. Hace falta llegar al corazón.
Y luego, aunque no estéis de acuerdo conmigo, diré siempre que es donde el corazón nos lleve! Es la clave de la vida cristiana.

Un saludo amigo.

lunes, 18 de febrero de 2013

CUARESMA SI. OTRA CUARESMA MÁS NO.


Este es de momento mi planteamiento. Puede que con el paso de los años la cosa cambie.No diré de este agua no he de beber, porque puede que suceda. Aún me encuentro con la disposición física y anímica para evitar la rutina y la repetición. Pero los años no pasan sin dejar mella.
Me ha sabido a muy poco este mes, se me ha hecho muy corto, desde la terminación de l...a Navidad con la fiesta del Bautismo del Señor hasta el cambio de tercio ayer, Miércoles de Ceniza, con el inicio de la Cuaresma.
Mi actitud ante el comienzo de un tiempo litúrgico nuevo, sabiendo que se trata de una mera pedagogía por parte de la Iglesia, es iniciarlo y vivirlo con intensidad como si fuera la primera y única vez. Y la verdad es que este enfoque no resulta fácil. De una parte está el cansancio vital con los escasos resultados obtenidos en otros Advientos, Cuaresmas o Pascuas. Y de otra parte el abuso que toma la dichosa tradición como una fuerza que bloquea.
Quiero dar las gracias al Señor por concederme, concedernos a todos los que quieran aprovecharlo, un tiempo muy oportuno, propicio, para experimentar un encuentro sincero y auténtico con Él.
Un tiempo para recomponer nuestra existencia, a veces tan desorientada, y buscar lo esencial de la misma. Los caminos por donde hemos marchado, a veces, ni son los que hemos elegido, hay muchas circunstancias en la vida personal, ni los que nos han otrogado felicidad. Puede que haya muchos rotos en nuestra vida, en la mía al menos hay algunos y grandes.
Y a esta invitación son llamadas todas las personas, sea cual sea la historia de su vida, y que Jesucrsito respeta sin escandalizarse de la misma. Una llamada a emprender cada día, de manera más personal y consciente, el compromiso de seguir a Jesús, nuestro hermano de verdad.
Es un tiempo oportuno para dejar las ambiguedades y preguntarnos por lo radical de nuestra vida dejando los falsos dioses a los que podemos estar atados. Y aquí hay dioses para todos gustos siendo el dinero, el poder económico y sus secuaces, el peor.
Que todas las posibilidades que tenemos en nuestras comunidades cristianas, en las que se insertan nuestras hermandades, sea una ocasión de hacer más auténtica nuestra experiencia cristiana.
Y si siempre la caridad es el culmen de la vida cristiana, la prioridad, en esta Cuaresma con casi seis millones de personas sin trabajo, la cuestión está muy determinada. Nuestros ayunos, abstinencias y limosnas y nuestra justicia tienen que tener estar finalidad. Y es estar junto al que está desahuciado de todo para que nos tenga a su lado compartiendo lo que somos y tenemos. Un saludo amigo.

lunes, 21 de enero de 2013

Y empezó en una Boda.

¡Treinta años más o menos debía tener! Y, aún cuando una madre no quiere que sus hijos se le vayan, no sabemos si María quería que su hijo Jesús dijera de una vez qué iba a hacer con su vida. Tampoco, me imagino que le diera muchos problemas, y si estaba ya viuda de José menos ganas que se fuera de casa.
Me gusta pensar como debió ser la vida íntima entre la madre y el hijo.
Pero lo que sabemos es lo que nos cuenta el evangelista San Juan. Y es que Jesús comenzó su tarea acudiendo a una boda en la que le dieron el primer trabajito. O sea, nuestro Dios en una boda, y por eso no sé de donde hemos sacado los cristianos que estar alegres, acompañar en la diversión y pasarlo bien en la vida es un casi pecado. ¡Majaretas que somos y aguafiestas!
Jesús, al empezar, para otros debería haber ido al templo de Jerusalén. Pues se fue al equivalente de nuestro "Cine", antiguo "Palacio Cinema", o similar para comenzar.
Jesús comienza en un ámbito nada religioso y salvando una boda que podía haber terminado en un enorme disgusto para los recién casados.
Las bodas en Israel, el banquete, duraba varios días en los que la familia recibía a los invitados. Sería una familia humilde y, probablemente, se vieron desbordados de invitados.
Y aquí destaco la reacción, que no es una sorpresa, de la madre de Jesús que ha visto el percal. ¿Cómo va a faltar el vino en una fiesta de bodad? Y María confía en su niño del alma y le pasa la pelota. "A ver hijo mío, saca a Simeón y Rebeca -nombres que me acabo de inventar pero que pudieran ser pues son nombres judíos- de esta papeleta" María dice: "No le queda vino" Habla de forma personal. No dice. "No queda vino", de forma impersonal. A María le interesa aquellos novios concretos.Y el niño, que tiene treinta años se hace el remolón. Y le dice: "Déjame que aún no ha llegado mi hora" Pero la madre no lo suelta, con treinta años que lleva cuidándolo, me vas a decir esto. Y María, y son sus últimas palabras en todo el Evangelio dice, y nos dice a nosotros: "Haced lo que Él os diga" Vamos, lo que os diga mi Jesús del alma. Y el resto ya lo sabemos.
¿Y qué nos dice Jesús? Que tenemos que hacer más humana y llevadera la vida de la gente, más digna y dichosa, más alegre.
Jesús nos dice que hay que participar en el amor de las personas ya que el amor es la única fuerza capaz de hacer milagros en la vida.
Hay parejas a las que nos le queda vino ya por las injusticias y la insolidaridad. No les queda vino para llegar a fin de mes. Carecen de un empleo digno y estable, no pueden acceder a una vivienda o les desahucian de la suya.
Sin la disponibilidad de María, de los sirvientes, el agua no se habría convertido en vino. Los milagros son también tarea y responsabilidad nuestra.
¿Qué signos hago yo? ¿Qué signos puedo hacer? Vamos a llevar a Jesús lo que tenemos, aunque sea agua y sea poca. Ya Él se encargará de lo demas.
Yo creo en Dios porque es el Dios de Caná de Galilea, de unos novios que se quedaron sin vino. Dios feliz que desea la felicidad de su hijos e hijas.
Un saludo amigo.